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Arde el suelo: la sequía y el fuego, una dupla que enciende las alarmas en la región
2020-08-28

La palabra de una experta sobre la crisis medioambiental actual y los factores que ayudan a la propagación de los incendios en zonas vitales.



“Se registraron casi 25.000 focos en lo que va del año”, comienza detallando la bióloga e investigadora Natalia Morandeira, en diálogo con Criteria. Ella, con su equipo, trabaja, a partir de imágenes satelitales, sobre los distintos humedales del Delta del Paraná, una de las zonas más castigadas por el fuego que afecta a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos.


¿Cuál es el contexto actual y qué debemos esperar? “La cuestión de los incendios en el Delta y, en general, en toda la planicie de inundación, tiene que ver con un año extremadamente seco, con pocas lluvias y con una bajante muy extrema en el río Paraná. A eso se suma que se registró un otoño cálido”, sostiene la experta, al tiempo que explica que, al estar los suelos tan secos, eso lleva a que el incendio que se inicia, ya sea intencional o accidentalmente, se propague a gran velocidad.  En ese sentido, Morandeira detalla que las condiciones climáticas mencionadas son comunes a toda la región. 


Como explica esta especialista, a la hora de pensar en el calentamiento global como uno de los factores que contribuyen a los incendios en la zona, se sabe que este fenómeno provoca eventos extremos: “Años muy secos y otros muy húmedos. Incluso, el 2019 fue un año húmedo, con el nivel del Paraná relativamente alto. Me parece que lo que no hay que esperar, de acá en adelante, es que el río se mantenga bajo con estos niveles de sequía. En algunos medios internacionales se decía que el Paraná se había secado y que esa sería una condición permanente. Eso no es así, lo más probable es que en los próximos años tengamos alguna inundación o evento normal. El río, de por sí, es muy variable”. 



Economía y ecología


Se sabe que en el Delta el fuego se utiliza como práctica ganadera para generar forraje. “Eso no significa que todos estén quemando intencionalmente, muchos son perjudicados directos”, detalla Morandeira. 


En ese sentido, indica que en la zona de islas se practica ganadería intensiva, y a eso se suma que el suelo se ha ido modificando: “En el Delta, en general, hay falta de control. En otro momento, quizá, se levantan terraplenes para hacer ganadería o un loteo. Eso se hace sin ninguna evaluación de impacto ambiental. Una vez hechos esos terraplenes, surgen las denuncias. Incluso, a veces, se construyen canales que modifican el curso de los ríos o provocan inundaciones. Se necesita un ordenamiento territorial”. 



Impacto social


En palabras de Morandeira, los isleños coinciden en afirmar que por las zonas donde ya pasó el fuego no hay más material combustible; por lo tanto, los focos se propagarían hacia otras regiones. 


“Hay zonas donde los incendios se han propagado desde otros lados. El factor de la sequía también influye porque en momentos normalmente húmedos los ríos pueden actuar como cortafuegos, frenando la expansión del incendio. De hecho, los isleños cuentan que saltan chispas de un lado al otro de ríos con varios metros de ancho”, relata la experta, al tiempo que señala que los fondos de las lagunas, por lo general cubiertas de agua, contiene raíces y materia orgánica acumulada que ayuda a propagar el fuego. 


A la hora de pensar en posibles soluciones, Morandeira señala la importancia de llevar adelante una mesa de trabajo entre las provincias afectadas. Luego, es vital proteger a las poblaciones locales. Censarlas, asistirlas y, una vez que pase el fuego, evaluar las pérdidas económicas y el impacto en la salud de estas personas.