Se cumple una década de aquella jornada histórica en la que la bandera argentina flameó por primera vez en el punto más septentrional del planeta. Lo que comenzó como un sueño compartido entre el general Víctor Figueroa y el ingeniero Santiago Tito, se transformó en la primera expedición latinoamericana en alcanzar el Polo Norte por sus propios medios, marcando un antes y un después en la historia expedicionaria de nuestro país.
Más allá del desafío físico y técnico, la misión nació bajo el ala de la Fundación Criteria con un objetivo claro: alertar sobre la fragilidad del Ártico. Hace diez años, el equipo ya advertía que el calentamiento global no era una proyección futura, sino una realidad palpable.
La expedición no solo llevó un mensaje; trajo datos. En colaboración con el Instituto Antártico Argentino, se recolectaron muestras de agua y hielo para realizar estudios comparativos de contaminantes entre ambos polos, permitiendo a nuestros científicos profundizar en el diagnóstico de la crisis climática global.
El 14 de abril de 2016, tras un riguroso entrenamiento en lugares como Caviahue y el Cerro Tronador, el grupo inició la travesía final desde la base rusa Barneo. Fueron 10 días de marcha ininterrumpida, recorriendo más de 110 kilómetros sobre esquíes y arrastrando trineos de 65 kilos.
El entorno fue implacable:
Temperaturas: Promedios de -25°C, con sensaciones térmicas que alcanzaron los -40°C.
Geografía: Una banquisa de hielo en constante movimiento que obligaba a recalcular la ruta diariamente para evitar grietas o encuentros con el oso polar.
Esfuerzo: Jornadas de hasta 8 horas de marcha, con un consumo calórico de 6.000 calorías diarias para combatir el frío extremo.
La expedición estuvo integrada por figuras que hoy son emblemas de la superación personal. Desde el liderazgo del General Víctor Figueroa y el Suboficial Mayor Luis Cataldo —los únicos latinoamericanos "bipolares" en haber pisado ambos polos— hasta historias de profunda humanidad, como la de Gustavo y Emiliano Curti, primer padre e hijo en alcanzar juntos el Polo Norte.
Mención especial merece el coraje de Cataldo, quien enfrentó la travesía mientras batallaba contra un diagnóstico de cáncer, demostrando que la voluntad mental es, muchas veces, superior a cualquier limitación física.
Antes de la partida, el Papa Francisco envió al grupo un mensaje que se convirtió en el motor espiritual de la marcha: “Con amor, con esfuerzo y trabajando en equipo es posible transformar los viejos muros en puentes”.
Diez años después, el legado de la expedición sigue vigente en cada acción de la Fundación Criteria. Aquella "mancha" argentina en el blanco infinito del Ártico no fue el final de un viaje, sino el inicio de un compromiso inquebrantable con la seguridad humana y la protección de nuestra casa común.
A 10 años de la hazaña, reafirmamos que cuidar el planeta es responsabilidad de todos.