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La moda sostenible, un hábito saludable que llegó para quedarse
2020-07-17

La Década de Acción por el Planeta requiere de mayores compromisos con el medioambiente.



En respuesta a esta necesidad y con la obligación de poder concretar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), son cada vez más las marcas que se suman a una iniciativa que combina marketing con cuidado de nuestro ecosistema.


Ante la crisis medioambiental, los hábitos de consumo comienzan, de a poco, a incorporar una mirada sostenible. Muchos jóvenes impulsan el cambio y, como clientes, son los principales interesados en adquirir productos que sean sustentables. Sin embargo, los productores también buscan generar consciencia a través de sus creaciones. Tal es el caso de Somos Humus, una de las marcas argentinas comprometida con el planeta. 


“Somos Humus nació de la unión de dos mujeres que querían reflejar un cambio interno y del mundo. Ese cambio tenía que ver con eso que cuando ves ya no podés dejar de ver. Como las lentes violetas para las feministas, así son las lentes verdes para quienes sabemos que debemos modificar nuestras conductas para que este mundo pueda seguir siendo nuestra casa común”, explica Magalí Klix, representante de esta iniciativa que decidió incorporar materiales biodegradables y/o reciclados para trabajar sus prendas. 


De hecho, la firma busca romper con el estereotipo de los cuerpos y la ropa. “La comodidad y atemporalidad de las prendas tienen que ver, justamente, con producir indumentaria que se pueda amortizar y usar parar siempre, más allá de lo efímero de la moda”, sostiene Klix, quien, a su vez, señala que en los últimos 20 años las personas han adquirido cada vez más ropa y ese hábito ya no es sostenible. “Ahora tenemos cinco veces más prendas que las que tenían nuestros abuelos. Y estaba todo bárbaro hasta que descubrimos lo que se escondía detrás de esta tendencia”, reflexiona, al tiempo que detalla que, detrás de la moda a precios bajos, se esconde la reducción de los costos de producción, la pérdida de vida de los trabajadores que las confeccionan y graves consecuencias para nuestra salud y la del planeta. 


“Buscamos textiles amigables con el planeta, como el lino y el algodón, que compramos en Chaco, a la Cooperativa Inimbo. Porque también miramos a quién le compramos y tratamos de ver cómo trabaja. Hacemos comercio justo”, señala la diseñadora, quien también apuesta a incorporar una perspectiva de género en el proyecto. Antes de finalizar, Magalí insiste en la necesidad de comunicar el efecto de las prendas que se consumen en el mundo de la moda: “¿A quién no le gusta recibir el mensaje de que estás colaborando con una causa mayor?”. 



“Creo mucho en el poder de las redes. Pero hay que trabajar y mucho. ¡Esta es la década de la acción! Solo nos quedan 10 años, pero hay mucha luz y somos cada vez más”, concluye.