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Cambio climático y pandemia fueron los dos temas principales de la Jornada del Día de la Tierra.
2020-04-24

La jornada organizada por la Fundación Criteria y la Universidad del CEMA giró en torno a las problemáticas que enfrenta el planeta.



La jornada organizada por la Fundación Criteria y la Universidad del CEMA giró en torno a las problemáticas que enfrenta el planeta. Con el Covid- 19 a la cabeza, los expertos analizaron el contexto que nos toca vivir.


“Hace 50 años, el mundo era más limpio. No se hablaba de seguridad humana y, menos aún, de sustentabilidad y de desarrollo sostenible. Hoy encontramos que, al tope de las agendas, están el tema ambiental y el cambio climático. La presencia sorpresiva y disruptiva del Covid-19 nos ha cambiado la mirada a todos. Tenemos que hacer un esfuerzo por pensar que, Dios mediante, saldremos de este trance, pero el gran problema del medioambiente subsistirá”, comenzó diciendo el Director Ejecutivo de la Fundación Criteria, Mauricio Fernández Funes, durante la jornada virtual realizada en homenaje al Día de la Tierra, bajo el lema “Cambio climático y pandemia”. Cabe señalar que este evento se realizó de manera conjunta con la Universidad del CEMA.


De la charla también participó el Coronel Mayor -retirado- del Ejército Argentino, Gustavo Curti; integrante de la primera expedición argentina al Polo Norte. En relación con la travesía, Fernández Funes recordó que esta experiencia le permitió a la Fundación, en el año 2016, dar un grito de alerta sobre el calentamiento global.


Curti recordó los preparativos y el entrenamiento necesario para poder alcanzar el Polo: “El viaje consistió en salir del país e ir hasta Oslo. Desde allí, llegar al archipiélago de Svalbard. En el pueblo, Longyear íbamos a permanecer cerca de una semana para luego trasladarnos al mar congelado, el Ártico, donde los rusos arman una base itinerante que solo utilizan en abril, ya que luego es desarmada por el derretimiento del mar. Desde esa base, volaríamos hacia el punto de inicio de la marcha, desde donde recorreríamos un grado de latitud (111 kilómetros lineales) de forma pedestre y tirando de nuestros trineos”.


Antes de seguir con la descripción de la memorable hazaña, Curti resaltó algunas características de Longyear. Allí conviven más de 3000 osos polares con habitantes y turistas; por lo tanto, y por la seguridad de los individuos y sus establecimientos, éstos se encuentran armados. El militar explicó que el suelo del pueblo –que se encuentra bajo jurisdicción de Noruega– está totalmente congelado, ya que se encuentra sobre una capa de permafrost. Por esta razón, se construyó allí un banco mundial de semillas para que “en el caso de que haya una catástrofe global, se puedan reiniciar los cultivos”.


“Además, es un pueblo donde uno tiene prohibido enterrar a las personas fallecidas. ¿Por qué?, una vez exhumaron los cuerpos enterrados y descubrieron que los virus que habían matado a ese individuo estaban inertes y los cuerpos tampoco se encontraban en estado de descomposición. Por lo tanto, los virus podían volver afectar a la población”, rescata.


Finalmente, relata, los planes no salieron como los habían pensado. Mientras ensayaban la operación, les comunicaron que, como consecuencia del calentamiento global, la pista de aterrizaje se había partido. Ante ese panorama de total incertidumbre, decidieron continuar con el entrenamiento y proceder a la preparación del equipo y del racionamiento hasta que llegara el día en el que pudieran trasladarse.


Finalmente, pudieron iniciar la marcha. Curti recuerda que lo más importante para poder cumplir con el trayecto fue la disciplina y el trabajo en equipo. “En 10 días de marcha mantuvimos en alto el espíritu de cuerpo. Lo mismo que debemos hacer ahora ante esta pandemia”, sostiene, al tiempo que rememora el instante previo a cumplir con el objetivo: “Al llegar al Polo Norte decidimos cambiar la forma de marchar y, en vez de ir uno atrás de otro, llegar todos juntos. Fue un momento de gran emoción, entonamos el Himno Nacional, como lo hacemos hoy, todas las noches, a las 21 horas”.


La experiencia de un montañista: resiliencia y paciencia para sobrellevar el momento


Del encuentro también participó el fotógrafo internacional y aventurero Tommy Heinrich, quien trabaja en National Geographic y, además de ser el primer argentino en llegar a la cima del Everest, integró la primera expedición argentina al Polo Norte.


“En 1995, cuando alcancé la cumbre del Everest, fui la persona número 600 a nivel mundial en lograr el objetivo. En 2019 hubo un récord de 805 ascensos en una sola temporada. Es un indicador de cuanta gente sale, no solo al Everest, sino también a las montañas”, comenzó advirtiendo Heinrich, al tiempo que alertó sobre la gravedad del impacto del turismo.


En relación con el Covid-19, señala que este año ha puesto a prueba los intereses económicos. En ese sentido, él rescata el estilo de vida de los sherpas durante la pandemia: “Ellos, como cultura, han vivido durante cientos de años en las laderas, practicando una economía comunitaria, ayudándose entre ellos. Básicamente, siempre unidos”.


Para este referente en montañismo, la humanidad se ha adaptado a los lujos y comodidades. Sin embargo, la pandemia nos lleva a volver hacia la naturaleza. “En las expediciones, uno tiene que adaptarse a condiciones extremas y modificar lo que uno planea. Se necesita resiliencia y paciencia para sobrellevar un momento difícil y alcanzar un objetivo. Hoy nos tenemos que cuidar y superar este contexto”, recomienda.


Finalmente, Heinrich concluyó afirmando que la naturaleza necesita alejarse del impacto que generamos y rescató el aprendizaje que podemos obtener de este tiempo en que estamos “aislados, pero juntos”.


Un respiro para el planeta en tiempos de Covid-19


Durante la jornada virtual, la doctora en ingeniería del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa, Lidia Otero, revisó los vínculos y relaciones entre la pandemia y la contaminación ambiental.


“La contaminación del aire es la presencia de gases tóxicos y de partículas sólidas y líquidas en suspensión en la atmósfera que, a su vez, son nocivos para la salud y para el medioambiente. Por otro lado, la calidad del aire permite conocer el grado de contaminación de lo que respiramos. Una mala calidad se traduce en efectos graves en la salud. Por eso, el monitoreo es sumamente importante”, comenzó su exposición.


En ese contexto, la ingeniera Otero explicó que hay variables importantes que conforman las mediciones básicas de la calidad del aire: el dióxido de nitrógeno, el monóxido de carbono, el dióxido de azufre y el ozono. Estos componentes ingresan por la nariz y repercuten en los órganos internos del ser humano. El primero de ellos, detalla, está relacionado con el tránsito vehicular y aéreo. Por su parte, el monóxido, se debe a una combustión incompleta. Finalmente, mientras el dióxido de azufre se vincula con la quema de combustibles fósiles y la actividad volcánica, el ozono se relaciona con el smog.


¿Por qué la contaminación del aire aumenta el riesgo de Covid-19? “Porque afecta la salud respiratoria, dejando más vulnerables a las personas que poseen enfermedades respiratorias crónicas”, respondió la especialista. Por otro lado, la investigadora advirtió que la disminución en la contaminación del aire se debe a la reducción de la actividad que provoca la cuarentena.


El impacto de la pandemia en el territorio


Para el magíster e ingeniero Facundo Casasola, representante del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa, con el análisis geográfico se pueden comparar las causas y el impacto de amenazas similares al Covid-19. Por eso, describió impacto territorial de la gripe española y de la gripe A. Tras advertir que cada situación es única porque las variables son dinámicas, destacó que este tipo de análisis sirve constituye un antecedente para saber cómo se puede presentar el escenario.


“La gripe española presenta similitudes en las estadísticas. Se da, incluso, en el mismo momento del año”, detalló Casasola, al tiempo que señaló que en 1918, la mortalidad a raíz de esta enfermedad afectó más a las provincias del norte del país y alcanzó su pico en los meses de junio y julio.  Para el experto, el impacto en el norte se explica en función de factores sanitarios, socioeconómicos y culturales. Por ejemplo, describe, Salta y Jujuy tenían las tasas de analfabetismo más elevadas del país. “Cada lugar presenta características que lo hacen más vulnerables que otros”, agrega.


Otro de los escenarios analizados por Casasola fue el que provocó la gripe A, “que afectó a la totalidad del país con una mortalidad de 685 personas”.


En cuanto al coronavirus Covid-19, el ingeniero destacó la presencia de la enfermedad en las grandes ciudades del país. Sin embargo, a éstas también se suman Chaco y Tierra del Fuego. La presencia del virus en las grandes urbes, explica, se debe a la mayor densidad poblacional y exposición. Mientras que, en Tierra del Fuego, el brote infeccioso está vinculado con la principal actividad económica del lugar: el turismo.


Finalmente, y en relación a Chaco, el experto subrayó que cada escenario tiene condiciones que hacen que el impacto sea diferente. Por eso, se encargó de remarcar la posible incidencia de variables culturales, así como también el índice de pobreza,  las tasas de desocupación, de desnutrición y de deforestación.


“Finalizando con el análisis, las variables meteorológicas también pueden incidir. Hay estudios que marcan que las enfermedades de este tipo -estacionales- tienen mayor impacto en las poblaciones según la temperatura y humedad del ambiente”, sostuvo Casasola.


“El escenario para los próximos meses es más complejo. Tengo optimismo. Vamos a pasar esta situación, aprender y madurar como individuos de una sociedad y comunidad, dentro de lo que es el medioambiente. Además, esto nos va a permitir conocer la realidad del Estado y el compromiso social de ciudadano”, concluyó.


Un mundo no lineal y caótico


Para el investigador y doctor en Ciencias Físicas, Pablo Canziani, en las décadas del ´80 y del ´90 “parecía que no había límites para nadie, lo que desembocó en situaciones de crisis”.


Estos momentos de ruptura estuvieron relacionados, según explicó, con producciones de energía ineficientes e insostenibles y con un modelo agroindustrial basado en pocas especies y con un desprecio total por los valores ambientales y el trabajo de la gente de campo. A estos factores se sumó un problema en las sociedades: en el hemisferio sur surgieron megaciudades con cordones de pobreza.


“En este proceso vemos múltiples interacciones que nos permiten entender la razón de esta pandemia. Si no cambiamos las cosas, esta sería una muestra de lo que puede pasar en un futuro frente a la pérdida de biodiversidad, cambio climático y deforestación”, advirtió Canziani.


El experto explica que, este, es un año que define como “no lineal o caótico”. “Había una posibilidad alta de que pasara. Esto nos demuestra que este desastre que estamos viviendo responde a lo que venimos haciendo mal”, reflexionó.


“Ya no hay mucho tiempo para pensar”


Finalmente, Patricia Pitaluga, presidente de la ONG “Acercando Naciones”, y capitana del “Círculo de líderes para el desarrollo sostenible” (al que Fernández Funes describió como el remanente virtuoso de la primera tarea académica desarrollada por Criteria), tomó la palabra para hacer un llamado a reflexionar y a accionar.


“Ya no hay mucho tiempo para pensar, la naturaleza nos muestra que, si no hacemos algo ya, y juntos, no se salva nadie. No puede haber paz sin desarrollo y sin cuidado del ambiente, que es nuestra casa común”, sostuvo Pitaluga, al tiempo que señaló que nos encontramos ante una gran oportunidad para trabajar recuperando los valores, en particular los universales.