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Vapeadores: alerta por el alto nivel de consumo entre los jóvenes en Argentina
2020-01-14

Crece la preocupación en la comunidad médica, que exige mayor regulación estatal.



El 7,1 por ciento de los adolescentes, de entre 13 y 15 años, consume cigarrillos electrónicos en el país. Crece la preocupación en la comunidad médica, que exige mayor regulación estatal. Por Fernando Villa-DEF.

Los resultados preliminares de la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTJ), llevada a cabo por la Secretaría de Salud, arroja resultados preocupantes respecto del consumo de vapeadores y otros tipos de cigarrillos electrónicos, como los calentadores de tabaco. Según cifras oficiales, el 14,4 por ciento de los estudiantes encuestados ha consumido alguna vez estos productos, que, actualmente, se encuentran prohibidos en el país.

La alerta nacional se suma a los recientes informes que se dieron a conocer en Estados Unidos, que informan más de 450 casos de enfermedades pulmonares crónicas a causa de los cigarrillos electrónicos, incluido el fallecimiento de cinco personas. “Lamentablemente, el presente no es sorprendente en vista de todos los químicos que contienen estos aparatos”, aseguró la directora nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades Crónicas y No Transmisibles, Verónica Schoj.

Schoj afirma que está comprobada la presencia cuatro grupos de sustancias tóxicas y compuestos cancerígenos, llamados carbonilos, compuestos orgánicos volátiles, nitrosaminas y metales pesados, dentro de los cartuchos de estos adminículos y sostiene que el principal foco de conflicto radica en que son atractivos y sirven como iniciación en el hábito de fumar en los más chicos. 

Leticia Limongi (MN 57470), neumóloga y miembro de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) y de la Asociación Argentina de Tabacología (ASAT), hace hincapié en que los casos que están saliendo a la luz constituyen neumonías químicas que, debido a la inhalación de las partículas que emanan los vaporizadores, producen daños en los tejidos y en las estructuras celulares de los pulmones.

Para los especialistas,  los dispositivos tienen fuerte penetración entre los jóvenes por sus diseños atractivos y su promoción libre en las redes sociales, a pesar de la Disposición 3226/11, emitida por ANMAT en 2011, que prohíbe la importación, distribución, comercialización y la publicidad o cualquier modalidad de promoción del cigarrillo electrónico en todo el territorio nacional. 

En sintonía con esta afirmación, el coordinador del Programa Nacional de Control de Tabaco, Ignacio Drake, manifiesta que ya son varios los estudios que demuestran que los jóvenes que usan cigarrillos electrónicos tienen más probabilidades de comenzar a fumar otros productos, lo cual conlleva un mayor riesgo de volverse adicto a la nicotina y desarrollar las consecuencias para la salud asociadas a su consumo.

Otro dispositivo que se encuentra bajo la lupa es el que se conoce como “calentador”. Este aparato, que tiene la forma de un puntero láser y posee en su interior cápsulas con tabaco, nicotina y otras sustancias, es presentado por la industria tabacalera como un elemento de daño reducido y más saludable.

Posicionar estos artículos como alternativa para dejar de fumar parte de una hipótesis falsa. La doctora Georgina Alberro (MN 98115), experta en tabacología y psicoteraupeuta, afirma que la medicina no lo considera un método válido para abandonar la adicción y que, lamentablemente, la mayoría de las personas que asisten a las consultas para comenzar los tratamientos “ya llegan consumiendo alguno de estos artefactos”.

“Más del 60 por ciento de los usuarios, según estadísticas europeas, lo consumen con el objetivo de dejar el hábito de fumar; sin embargo, solo el 15 por ciento de ellos logra abandonarlo por completo, lo cual representa un número muy bajo”, asegura Alberro y aclara que, por el momento, únicamente los sustitutos nicotínicos y los medicamentos por vía oral siguen siendo los mecanismos más efectivos y autorizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).



Cuestión de marketing


Otro aspecto que alarma y convierte a los vapeadores en objeto de deseo y de fácil penetración entre los jóvenes es la variedad de aromas y sabores que poseen, algunos con claras reminiscencias infantiles, como los que tienen sabor a chicle. El problema radica en que los saborizantes dulces contienen diacetilo, una sustancia autorizada para la ingesta, no para la inhalación, y constituyen un factor de riesgo de bronquiolitis obliterante.

Toda la comunidad médica coincide en responsabilizar a las tabacaleras por el consumo de los vapeadores y sus derivados. Es que, según los profesionales de la salud, la industria siempre lanza al mercado productos con un supuesto daño reducido que no es tal. “En los setenta, fueron los cigarrillos con filtro; diez años después, se lanzaron los light y se recomendaron incluso para el consumo en las embarazadas, aunque años más tarde la ciencia demostrara lo contrario”, comenta Schoj y apunta directamente contra el lobby empresarial.

Además de los usuarios de los vapeadores, quienes también se ven afectados por el aerosol producido son los conocidos como “fumadores pasivos”. Lo que ocurre es que, además de empeorar la calidad del aire, el falso vapor contiene partículas ultrafinas con propanodiol y glicerina, que se depositan en los pulmones y provocan lesiones y daños en la salud. Por eso, cabe destacar que el uso de este tipo de productos en lugares cerrados públicos o laborales se encuentra prohibido por la reglamentación de la Ley 26687.