Pedro Lorenzo: “La creencia es que los presos no se recuperan”
2019-06-15

La afirmación pertenece al psicólogo social Pedro Lorenzo quien, desde hace una década, lleva adelante un proyecto de cine debate en las cárceles como vehículo para la reinserción de los internos al salir en libertad. En diálogo con DEF, cuenta acerca de las actividades laborales promovidas tras las rejas y reflexiona sobre el rol de las cárceles


–¿Cuándo y cómo empezó a trabajar en las cárceles?

–En 2008, a través de una amiga que tengo en Barcelona. Le preguntaron si conocía a una persona en Argentina que pudiera coordinar un proyecto laboral para internos de la Unidad 1 de Coronda (Santa Fe) y ella me recomendó a mí. Me puse en contacto con el secretario de Asuntos Penitenciarios de la Provincia de Buenos Aires, quien me conectó con el director de la unidad, y ahí empecé a familiarizarme con esta problemática. Yo soy psicólogo social: nunca había trabajado en esta área. Lo mío siempre fueron los grupos de formación, de enseñanza y de aprendizaje.


–¿En qué momento comenzó a trabajar junto a la Fundación Criteria?

–Hace más o menos un año, por intermedio de Julio Fuque, un liberado de la Unidad Penitenciaria 12 de Gorina, hoy presidente de Kbrones. Kbrones es la primera cooperativa de personas en situación de privación de la libertad. Julio me contó que estaba trabajando con la Fundación Criteria y me puso en contacto con el Director Ejecutivo y la Coordinadora de Proyectos, Mauricio Fernández Funes y María José Vilella, con quienes empezamos a ir el año pasado para presentar la película Soldado Argentino Solo Conocido por Dios y un documental de la expedición al Polo Norte, Los favores de la deriva. La respuesta de la gente los entusiasmó.


–¿Cuál fue la respuesta? ¿Qué actividades llevaron a cabo?

–A partir del trabajo en la Unidad 1 de Coronda (Santa Fe), yo intenté correrles el eje. Intuí que el problema estaba vinculado al poder, al manejo de las emociones y me propuse modificar eso. ¿Cómo? Armando un grupo de running con los internos. Yo sé lo que se siente al empezar a correr, al avanzar. Desde el punto de vista de la identidad te hace sentir bien, te hace sentir capaz y con posibilidades de hacer cosas que antes parecían improbables. Entonces tomé contacto con mi entrenador y le pedí que me diera una mano para formar el grupo de running en la Unidad 1. Cinco o seis meses después, se realizó la primera maratón de 8 km organizada por una Unidad penitenciaria. Se corrió un km dentro de la Unidad, seis km afuera (en las calles de Gorina) y un km de vuelta al entrar en la Unidad. A partir de ese momento, empecé a usar el entrenamiento físico desde la psicología social y desde las tramas vinculares, es decir, las relaciones. Para ello, me apoyaba en videos, películas, libros y cuentos; además, lanzamos los cine-debates y así se armaron dos grupos: uno específicamente para los corredores y otro para los devotos del cine.


–¿Qué tipo de actividades laborales se promueven?

–La marroquinería: hay un grupo que hace dos años empezó a fabricar bolsos, cartucheras, porta documentos, entre otras cosas. También hay un proyecto de panadería y de peluquerías. La idea es conectar este trabajo con la Fundación Criteria para donar los elementos a la Villa 31. Yo los presiono mucho para que ellos mismos generen cursos. Esto tiene dos objetivos: mostrar hacia afuera que no hacen falta millones de dólares para hacer estas cosas y mostrarles a ellos mismos que pueden. Si viene gente de afuera con ayuda, mejor; pero si no, nosotros mismos podemos hacerlo.


–Luego de diez años de trabajar en las cárceles, ¿nota algún cambio?

–No. Pocos meses después de que comencé a visitar Coronda, las personas que me habilitaban el acceso a la Unidad me preguntaban qué hacía ahí y me decían que estaba perdiendo el tiempo, que los presidiarios no se recuperan, que los ven salir y a los cuatro meses ya están de vuelta adentro. Esa es la creencia. No se mueven demasiado porque creen que no tiene sentido, que solo necesitan disciplina y obediencia. En algunas unidades hay celdas que están preparadas para cuatro personas (tienen dos cuchetas de un lado y dos del otro) y, sin embargo, allí duermen de ocho a diez personas. Tienen una letrina sin agua y un balde con agua para poder barrer los excrementos y desechos. ¿Qué dice la ley? Tanto la 24.660 como la 12.256, en sus primeros artículos, son clarísimas: la cárcel no es para que los reclusos estén pagando por lo que hicieron, sino para la reinserción social, que debe mediarse con el trabajo interdisciplinario que requiera cada caso. Eso no se cumple.